Fe y Alegría hacia la Igualdad de Género

Cómo educar para la igualdad de género, es una de las preocupaciones actuales en educación. Y para lograrlo tenemos que partir de examinar esas dos categorías igualdad y género.

El concepto de igualdad de género ha tenido una evolución:

·         En los primeros siglos SXVIII Y XIX, la igualdad era entendida teniendo al sujeto hombre (varón) como el modelo a alcanzar, las mujeres debían ser “iguales” a los hombres, no se cuestionaba el modelo de masculinidad patriarcal. Las mujeres luchaban por alcanzar los derechos que los hombres (varones) ya habían alcanzado:

 

? El derecho al sufragio, en Nicaragua se incluyó para todos los hombres en 1893, para las mujeres en 1955. Sin embargo, los textos de historia hablan que el presidente José Santos Zelaya implantó el sufragio universal cuando excluyó a la mitad de la población compuesta por las mujeres.

? El derecho a la educación: en Nicaragua los hombres ingresaron a la universidad con la fundación de la UNAN en León en 1812 y la primera mujer entró con muchas resistencias de estudiantes, de obispo, de la sociedad leonesa, en 1918, más de 100 años después.

Desde mediados del siglo XX, con el surgimiento y desarrollo de las Teorías de Género, se cuestiona ese concepto de igualdad, y el hombre (varón) deja de ser el paradigma de lo humano, se reivindica que las mujeres con todas sus particularidades son igualmente humanas que los hombres y por ello sujetas de derecho. La igualdad deja de tener como paradigma al hombre (varón) e incluye varios aspectos: igualdad de derechos, igualdad de oportunidades, igualdad de resultados, equidad. La igualdad es entendida como IGUAL VALOR (equivalencia), igual dignidad para toda la humanidad.

Considero que el concepto de género es uno de los mejores aportes a la humanidad, porque explica que el ser mujer y ser hombre, no es algo natural, sino una construcción social y por ello se puede transformar. Las Teorías de Género también revelan que la desigualdad entre mujeres y hombres son producto de un sistema de relaciones desiguales de poder llamado patriarcado que ubica a los hombres en una situación de superioridad sobre el colectivo de mujeres a quienes domina y somete. Comprender esto es vital para el logro de la igualdad y la construcción de ciudadanía.

Por eso en nuestras actividades educativas siempre tenemos que buscar cuál es el modelo de mujer y el modelo de hombre que está explícito u oculto en los programas, textos, pedagogía, relaciones, juegos, lenguaje y demás prácticas educativas. Si pasamos seis años de primaria, cinco de secundaria participando de una educación formal que hace invisible a las mujeres e invencible a los hombres, ¿con qué conciencia de sí mismas egresan esas mujeres y con cuál los hombres?

¿Qué implica educar en la igualdad de género?

No solo es un discurso, es hacer una transformación total desde la intimidad de cada persona y luego en las relaciones con las demás. Entre otros elementos implica:

Eliminar las dicotomías: exige hacer un ejercicio permanente para descubrir y deconstruir en nuestra cultura la idea que mujeres y hombres somos seres “opuestos”. Trabajar por la igualdad entre hombres y mujeres no quiere decir que van a ser idénticos, no. Hay que reconocer las diferencias que hay entre ambos, pero no exagerarlas. También tenemos que reconocer las similitudes que han estado invisibilizadas, dejar de pensarnos y relacionarnos como seres opuestos.

Identificar, cuestionar y transformar las jerarquías que ubican a los hombres y lo masculino como lo superior y las mujeres y lo femenino como inferior. Es típica la frase que se le dice a los hombres de cualquier edad, para castigarlos por alguna conducta “no correspondiente a su masculinidad: “parecés mujercita” o parecés una niña; y solo esa frase conlleva una carga enorme de descalificación del ser mujer, lo peor que le puede pasar a un hombre es parecerse a una mujer. La mujer es la imagen de lo negativo, con esta frase tan poderosa estamos dando un mensaje a hombres y a mujeres.

Identificar, cuestionar y transformar que hay una sola manera de ser hombres y de ser mujeres (la dualidad). La palabra estereotipo es reveladora de esta manera de pensarnos como mujeres y hombres. Los estereotipos explican una sola manera impuesta por la cultura, de ser mujer u hombre, negando la realidad. La igualdad implica reconocer las múltiples maneras de ser hombres y de ser mujeres, la diversidad humana.

Educar en la igualdad de género no solo es trabajar en el empoderamiento de las mujeres, también exige que los hombres participen, transformen su masculinidad de dominio y control del poder sobre las mujeres y otros hombres, trabajar hacia una nueva masculinidad igualitaria, respetuosa, que renuncia a todas las violencias, que desarrolla su afectividad y la expresa sin temor a la descalificación, que da un nuevo contenido a la paternidad y que participa en el cuido, crianza y acompañamiento de hijas e hijos (no solo da dinero para manutención).

La construcción de la igualdad de género es una labor de todos los días, no es un tema aislado, es dejar de educar a mujeres y hombres con valores patriarcales, en seguir repitiendo las mismas historias, las mismas lecturas sin preguntarnos si está incluida la perspectiva de la otra mitad de la humanidad.

El Congreso de Prácticas Innovadoras integrando Género y las TIC, realizado en Nicaragua el 19 de agosto del presente año 2016, aportó muchas pistas para la construcción de la igualdad de género, con propuestas concretas como romper el mito que la electricidad es una opción de trabajo solo para hombres, cuando un grupo integrado por mujeres y hombres ejecutaron un proyecto de instalación de electricidad domiciliar; otro grupo propuso nuevas relaciones basadas en el respeto y la eliminación de la violencia, como una forma de resolver las diferencias; otra iniciativa se refirió a fomentar la creatividad e imaginación, dando espacios para que identificaran y expresaran sentimientos, vivencias y emociones a través del propio cuerpo, algo que desde los estereotipos de género se considera propio de las mujeres, y en esta participaron hombres también, porque ellos como humanos también tienen sentimientos emociones y los pueden expresar con libertad.

De estas maneras y poco a poco vamos transformando un mundo basado en la discriminación y la desigualdad por otro igualitario, inclusivo y respetuoso de la diversidad. En Fe y Alegría trabajar por la igualdad de género pasa por respetar y hacer cumplir uno de los principios definidos en su Política de Género.

Se trata de afirmar la dignidad de la persona humana “porque todos los seres humanos tienen igual dignidad”. La dignidad humana se experimenta de manera diferente en la originalidad de cada persona, de cada pueblo, y de cada hombre y mujer, pero para todos es el mismo referente. Esta dignidad es absoluta en cada una y cada uno porque la tenemos simplemente por ser seres humanos.  Ella no depende de nadie ni de nada. Esta dignidad no puede crecer ni disminuir. Es igual para todas y todos siempre.

 

 

M. Sc. Mayra Aguilar Pérez

Encargada de Género del Proyecto Educación Transformadora

Federación Internacional Fe y Alegría